
Lo acepto: El pasado condiciona el presente y marca indeleblemente el futuro. Pero me niego a creer que, aun siendo cuesta arriba, no hay nada que se pueda hacer al respecto para lograr aquello que es anhelado.

Y al fin pasó lo que tenía que pasar. Nokia ha aceptado la realidad: Están fuera del juego. En los teléfonos inteligentes, hace bastante rato que iPhone, Android y Blackberry los dejaron atrás. Mientras que en la gama media/baja, donde eran amos y señores, existen cientos de soluciones económicas "made in China", que les han quitado su mayoritaria cuota de mercado.
Stephen Elop, presidente de Nokia, ha comparado la situación con una persona que, estando en una plataforma petrolera que se incendia, tiene que decidir entre quemarse o saltar a las gélidas aguas en medio de la noche, sin saber lo que abajo le espera. Y es que, volviendo a la realidad, "abajo", le espera, o bien Android, que muchos desearíamos verlo en acción en un equipo de esta marca finlandesa, o bien Windows Mobile 7, que parece ser el camino a seguir.
sumamente apenado por la situación por la que pasa la empresa, debido a que siempre he sido defensor de sus productos, ya que han sido de calidad, tanto el Hardware como el Software, y a su vez, conozco la plataforma de Windows Mobile, la cual antes de su versión 7, no me parecía para nada amigable y era bastante lenta en la mayoría de los equipos que utilicé, aunque eso no significa que la considere mala, puesto que existe una impresionante cantidad de software disponible para instalar y que al final, es lo que da el valor añadido a un smartphone.
Tal cual es, imposible de imitar. Así es la individualidad de los seres humanos. Si, en lo bueno y en lo malo. Y es que aunque hay personajes conocidos en la historia de la humanidad, o simplemente en la casa de al lado, que podemos considerar como absolutamente detestables, lo cierto es que cada uno tiene dentro de sí, aunque sea un mínimo de algo maravilloso, algo en lo que son mejores que nadie. Todos, el que más cante o el mudo, tienen algo en lo que pueden destacarse y logran brillar, así sea por un instante. Y es que la vida, es eso, un instante.
Quizá este sea el país con más recursos y con más bendiciones del planeta. La belleza sub explotada de cada rincón de este país sería, de haber sido bien administrada y pensada, un potencial infinito para el turismo, sin contar con los incalculables espacios fértiles para la autosuficiencia alimentaria, o los recursos no renovables como los hidrocarburos. Sin más, es una tierra sobresaliente. Sin embargo y como todo no puede ser perfecto, la tan celebrada venezolanidad, buena para muchas cosas, pero catastrófica para otras, se hace patente en la manera en que, entre muchas otras cosas, están los dirigentes políticos llevando al país (tanto los de gobierno como los que lo adversan).
Pero no es algo nuevo. Esta forma de comportarse, esta manera aparatosa e irracional y en ocasiones hasta carente de moral, se encuentra presente en episodios de nuestra historia, más allá de los períodos contemporáneos. Tal es el caso de aquellas lamentables palabras pronunciadas por Antonio Leocadio Guzmán, el cual, demostrando solo una destacable tenacidad por llevar la contraria, más allá de defender un ideal, declaró públicamente en pleno Congreso de 1867, “No sé de donde han sacado que el pueblo de Venezuela le tenga amor a la Federación, cuando no sabe lo que esta palabra significa: esa idea salió de mi y de otros que nos dijimos: Supuesto que toda revolución necesita bandera, ya que la Convención de Valencia no quiso bautizar la Constitución con el nombre de Federal, invoquemos esta idea; porque si los contrarios hubieran dicho Federación, nosotros hubiésemos dicho Centralismo”.
Cualquier parecido con la actualidad, no es coincidencia. Saque cada quien sus conclusiones.
