viernes, 20 de agosto de 2010

Déjame soñar




Luego de todo lo malo acontecido, como el ave Fénix deseo renacer. He llorado mis muertos y he penado mis tristezas. He buscado respuestas que no he conseguido, para luego dejar de buscar. Lo pasado, ha pasado. No existe máquina para enderezar el entuerto, no existe forma alguna para devolver el tiempo.

La luz del sol sigue allí, la tierra sigue su danza infinita. Inamovible es el ciclo de la vida, indiferente a mis sentires y mis pesares, dándome una lección, demostrando que continua la existencia.

Con dudas y con miedos, deseo alzar el vuelo. Una vez más, confiar en mis instintos, hacerme fuerte ante las adversidades y sacar el mayor provecho a las oportunidades. No temo caer, porque ya he caído. No temo perder, porque nada tengo que pueda perder.

Ahora necesito confiar en mi, recuperar mi valor, recuperar mi alegría. Me hago sabio cuando actúo con maestría; me hago humano cuando arriesgo sin garantías. Pero insisto, no tengo nada que perder.

Por eso te pido que me dejes soñar, no me cortes las alas sin siquiera alzar el vuelo. No te pido que me acompañes en este viaje, lo harías solo si quisieras y sería feliz por tu compañía. Pero no te opongas a mi camino porque desde este comienzo, mi destino esta escrito: seré quien resulte ser.

Lo creas o no, lo veas o no, tomados de la mano nos haremos más fuertes, todo será alegría si así lo quieres. Pero puedes dar la vuelta cuando quieras, nada te obliga a seguir adelante. Te extrañaré, pero no me detendré. Y si me necesitas, seguro, allí estaré.

Me reservo el derecho de anhelar, de soñar, de aspirar y asumo las consecuencias de ello. Dejaré de hacer estas cosas una vez que me halle muerto. Pero por ahora, más que antes, más que nunca, quiero vivir.