viernes, 27 de agosto de 2010

Mi primera vez en la barra Roja

Amante del balompié desde niño, es extraño que nunca me haya tomado la molestia de observar partidos de fútbol desde la propia cancha. Mi primera y única experiencia, se remonta a mis 9 años, cuando en Venezuela se disputaban unos torneos denominados "Mundialitos de Fútbol", los cuales eran televisados por el desaparecido canal RCTV, con narración de Lázaro Candal. Pude ver entonces, la final por el tercer puesto, donde Venezuela se adjudicó esa posición. De esos torneos, por cierto, salió el jugador venezolano Juan Carlos Socorro, quien estuvo muchos años en la nómina del equipo de Las Palmas, en España.

Desde hace algún tiempo, años, diría mejor, mis amigos con los con que juego fútbol semanalmente, se han vuelto literalmente adictos a ir a los juegos del Caracas Fútbol Club. Muchos de ellos compran los abonos, incluso VIP en tribuna principal, mientras que otros, desde las gradas, hacen fuerza junto con la Barra Roja, que ha venido en lento pero continuo crecimiento. Hoy en día, es una de las más numerosas del país y probablemente, la más ruidosa.

Con mucha vergüenza , confieso que no sigo el fútbol nacional ni si quiera por televisión. Cosa que si hago detenidamente con el Calcio italiano. Y es que no solo ha sido descuido mío, sino que los equipos con los cuales simpatizaba, han ido sistemáticamente desapareciendo, o cambiando de nombre: Minervén se fusionó con Mineros de Guayana; Deportivo Italia cambió su nombre hace años por Italchacao y recientemente Deportivo Petare. Entonces localmente, no tengo la menor idea de que equipo apoyar. Debería hacerlo a todo lo que represente fútbol nacional, supongo. Pero la opción lógica, siendo caraqueño, es el Caracas Fútbol Club. Había entonces que hacer la prueba. Y tendiendo a estos compañeros balonpédicos caracas-adictos, la invitación era permanente.

Con mucha curiosidad asistí entonces, por vez primera, a un encuentro del fútbol nacional. 30 Bs la entrada a gradas, me parece un precio justo, pudiendo ser un poco más bajo, no es tampoco limitativo para quien sea de pocos recursos económicos. 500 Bs cuesta el abono por toda la temporada. Tribuna principal, está si unos cuantos Bs más arriba, pero ofrecen toda la cerveza que humanamente se pueda beber. En todo caso, para mi la bebida no resulta de ningún interés, por lo que el gasto extra no lo veo justificado.

Continuando con mi aventura, adquiero mi entrada en taquilla (Caracas vs. Carabobo), sin ninguna complicación, mientras que mis compañeros buscaban la manera de pasar la bebida sin que sea detectada en la entrada por el personal de seguridad (cosa que lograron). El partido comenzaba a las 7:00 PM , pero el espectáculo comenzó antes, entre cantos, fuegos artificiales, aerosoles utilizados como lanzallamas, y un millón de papelitos volando. Lamentablemente no llevé una cámara que capturara ni la imagen ni el sonido adecuado a la ocasión. Capturado con mi teléfono, no se consigue reproducir la sensanción original.



Por un momento sentí que me iban a arrojar a la pista olímpica, dado que no había nadie en esa grada que no estuviera cantando (o bebiendo), excepto yo. Pero yo no iba a cantar, yo iba a ver un partido de fútbol. Cuando sonó el himno nacional, fue el único momento en que hubo silencio, hasta el momento en que la frase "Seguid el ejemplo que Caracas dio", de la letra de la canción patria, llegó. En ese instante, todos lo cantaron, haciendo alución al equipo, claro está.

Una mención especial hago a la pésima calidad del audio. Por lo que pude notar, el sonido está colocado de manera que se pueda escuchar bien en tribuna principal, mientras que las gradas apenas pueden escuchar el eco distorcionado del audio interno. No entendí dos palabras juntas. Por otro lado, la pizarra se veía muy bien en cuanto a calidad de imagen, pero no puedo entender como es posible que una pantalla de semejante funcionalidad, que puede transmitir videos del equipo mientras el juego está por comenzar, sea operada por incapaces, que no pueden colocar los minutos de juego que van durante el partido, limitándose al marcador y nada más. Para eso es mejor no colocar nada y ahorrar energía.

Entonces, entre el rugido de la barra roja y la inexistencia de sonido, el juego comenzó y apenas me percaté. La ubicación donde me encontraba no era la mejor para disfrutar del juego (como se observa en la imagen), cosa que me tenía molesto, debido a que había cualquier cantidad de espacio disponible en donde pudiera disfrutar de un mejor ángulo de visión. Pero no me moví, ya que no había ido solo y quería averiguar qué era lo que los tenía adictos a la barra. Eso si, la próxima vez que vaya pienso colocarme en una mejor ubicación, así implique disfrutar el partido en soledad.

En cuanto al juego, le tomó casi 20 minutos tocar la pelota al Carabobo; el domino del balón por parte del Caracas era abrumador, aunque eso no se veía reflejado en el marcador. Tres ocasiones claras tuvieron los rojos de marcar en el primer tiempo, pero fue en el segundo que lograron inaugurar el marcador, tras una jugada a balón parado y un certero cabezazo de Jaime Bustamante en el minuto 67. Pude verlo, pero a una legua de distancia, ya que esto ocurrió en el pórtico contrario.

Mientras todo esto ocurría, la gente no dejaba de cantar y de ingerir licor. No sé como será en otros países, pero yo personalmente lamento mucho que sea necesaria la presencia de las bebidas alcohólicas para asegurar la presencia de la gente, convirtiendo al licor en un motivo, en vez de una consecuencia. Supongo que es daño colateral. Igual pasa con el Beisbol. No, rectifico, en ese caso es peor.

A estas alturas, ya me habían catalogado de poste, ya que no me movía ni emitía palabra alguna. Yo quería ver el juego, no estar pegando brincos. Lo curioso es que la primera parte se hizo eterna, pero el segundo tiempo pasó volando. Esa es la impresión que tuvimos muchos, incluyéndome.

Con el solitario gol concluyó el partido y Caracas trepado a la punta del torneo apertura del fútbol nacional.

No hubo desorden, ni peleas, ni problemas en toda la estadía, a pesar de salir del estadio ya bastante entrada la noche. En cuanto al espectáculo, era muy cercano a lo que me imaginaba. La próxima vez que asista, me colocaré en una posición ideal, donde tenga el campo en mejor perspectiva y pueda a su vez observar la locura que se vive en la curva, pero a la distancia.