miércoles, 16 de junio de 2010

A mi hijo


Cuando llegaste, no sabía como actuar. No te conocía, aunque estaba seguro de que serías alguien especial. Y no me equivoqué. Hoy amado hijo, estás a tan solo dos días de cumplir tus dos años de vida y aun no puedo creer que ya haya pasado ese tiempo.

Mientras eras un bebé, aprendí a alimentarte, a dormirte y a acostumbrarme a ti. Fuiste un bebé muy tranquilo. Fue hasta los 4 meses cuando por primera vez te cambié un pañal. Y desde esa fecha hasta un año y medio después, estuve contigo todos los días, las 24 horas junto a ti sin separarme ni un instante. Aprendí a amarte, aprendí a ser tu padre.

Hoy ya no eres más un bebé, ahora eres un niño, más bien un hombrecito pequeño. Eres el niño más inteligente que conozco. Puedo ver a través de tus ojos, puedo leer dentro de tu ser y encuentro con felicidad que dentro de ti no hay maldad, solo hay amor. No dejas de sorprenderme con tus destrezas. Y cada vez que te veo hacer cosas nuevas me hincho de orgullo, pues no puedo creer que tenga tanta suerte de que seas tú y no otro, el hijo que me tocó tener.

Hoy ya no estoy más a tu lado día a día. Han pasado cosas que no vienen al caso que me hacen estar contigo solo un tiempo limitado. No sabes lo difícil que ha sido para mí alejarme de ti y solo compartir contigo en momentos programados. Cuando estoy contigo, veo como tus ojos brillan y estoy seguro que los míos hacen lo propio. Tú eres más que mi hijo, eres mi mejor amigo, eres mi compañero de juegos, mi hermano menor (el hermano varón que no tuve), eres mi alma gemela.

Si tuviera que dar mi vida por ti, lo haría sin pensarlo ni un instante. Te has convertido en mi razón de vivir, en mi alegría, en mi debilidad y mi fortaleza. Cuando estoy contigo siento que cualquier cosa es posible. Cuando me faltas, mi vida se limita a lo mínimo, a una cuenta regresiva para volver a tenerte.

Ya casi se cumplen dos años y seguirá pasando el tiempo. Ya casi hablas perfectamente y entiendes casi todo también. A medida que tu crecimiento se vaya completando, irás comprendiendo el por qué de muchas cosas, descubrirás que tus padres no son perfectos y que aunque cometen errores, quieren lo mejor para ti. Será un placer poder conversar contigo, poder explicarte cosas y ver como de manera gradual me vas superando en todo, tanto físico como intelectual. Sueño con el día en que nos encontremos en un punto intermedio, donde tú y yo podamos salir corriendo tras una pelota y no sepamos quien la va a ganar. El día que lo hagas tú, será la derrota más feliz de mi vida.

Tu bisabuelo siempre me decía, que si él fuese rey, tu abuelo sería príncipe y yo sería el siguiente. Pues hijo, aunque no tengo corona para heredarte, eres mi primogénito y todo cuanto está en mis manos, todo cuanto tengo, te pertenece.

Siempre estaré allí cuando me necesites. No seré un genio que sale de una botella con poderes mágicos para resolver los problemas, pero si podré sentarme contigo, hijo mío, a analizar la situación y conseguir las mejores soluciones. No tienes que mirar a tu costado, allí estaré siempre para ti.

El tiempo seguirá pasando y nos queda todavía mucho camino por andar juntos. Sé que tu vida te pertenece y eres dueño de tu camino, pero hagas lo que hagas y estés donde estés, será emocionante verte triunfar. Hijo, naciste con el don de los grandes, no hay forma de que fracases. Y de solo imaginarlo, quiero vivir bastante para poder observar, lleno de orgullo, todos tus pasos.

Tú eres mi gran obra, mi mejor creación y mi mayor bendición.

Te amo Daniel Jesús.