lunes, 14 de junio de 2010

Soledad

Estamos cerca de ser 7.000.000.000 (Siete mil millones) de almas alrededor de la esfera terrestre. En esta era, tenemos cualquier cantidad de herramientas para mantenernos comunicados, con conexiones hasta en el retrete.


Interactuamos con personas de todo tipo, a toda hora y en todo lugar. Incluso ahora la distancia no es limitante.


¿Entonces por qué hay tantas personas sintiéndose solas? ¿Es entonces la soledad el mal de esta era?


Hay momentos donde la soledad es una bendición. Disfrutar de la tranquilidad y la paz que proporciona la soledad, no solo es algo deseable, más bien es algo absolutamente necesario para la salud mental. Pero vivir en soledad, o peor, vivir sintiéndose solo, es una sensación de vacío que es capaz de erosionar el interior de las personas que se encuentran en tan delicada situación.


La Ausencia de un ser querido (sea por pérdida o por separación), deja una sensación a nada y nos sume en desesperanza. Mientras que la soledad producto de poca o nula capacidad de desenvolvimiento social, nos hace sentir incapaces de poder contactar con el mundo que nos rodea, afectando directamente a nuestra autoestima. La catástrofe, cuando estas dos circunstancias se unen.



Tomar medidas como refugiarse en el trabajo o en actividades psicomecánicas, solo sirve para evadir (y por ende, aplazar) el problema. Tratar de ampliar la cantidad de amigos, profundizar las relaciones con personas conocidas, emprender nuevas y deseadas actividades, aprender a escuchar y hacerse escuchar, son cosas que pueden ayudar a mejorar las circunstancias. Incluso hasta una mascota puede mejorar el ánimo en determinadas circunstancias.


Salir de una situación tan lamentable y desagradable como la de sentirse solo, no es fácil en lo absoluto. Pero se trata de rendirse o levantarse. Nadie lo hará por nosotros.